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Si acudiste a tu doctor y te dijo que tenías que modificar tu alimentación, por el colesterol alto, seguramente te afectó.

 Y me imagino que, al recitarte la lista de alimentos prohibidos o que debes reducir, lo agarraste por la pechera y le preguntaste “¿Por qué?”, con la pasión y la tristeza de una actriz de novela venezolana de los años 80.

  Pero él no es el responsable. La culpa es de Darwin: como podrás observar, la mayoría de los alimentos prohibidos son deliciosos y de gran sabor. Con grasa o mucha azúcar. Esto se debe a que somos producto de la selección natural.

  ¿Y cómo la selección natural es responsable de nuestros gustos?

   Durante casi la totalidad de nuestra existencia como especie, han sobrevivido los individuos que les gustaba y consumían más grasa, colesterol y carbohidratos (energía) y los que tenían más capacidad de guardarla en el cuerpo.

  Si te fijas, en las figuras femeninas que esculpían en la antigüedad, lo más común eran las mujeres gordas y en cinta. Era lo más deseado – la Angelina Jolie de la época -. Creo que las figuras de mujeres más delgadas (lo creo, porque no soy un experto en el tema) aparecen en sociedades donde ya se había descubierto la agricultura, como China,  Mesopotamia o Egipto.

  Antes de esas épocas recientes (Calcula, apenas, 10.000 años. Actualmente se considera que el humano moderno tiene 300.000), la rutina fitness era correr detrás de una presa rica en grasa, sin excederte, porque podías perder mucha energía, que posteriormente no ibas a tener como  reponer. O caminar largas horas recolectando alimento. Y había muchos días que no tenías suerte y te ibas a descansar sin haber comido, por lo que consumías la grasa acumulada en tu cuerpo, para obtener la energía que exigen sus procesos.

  Las delicias culinarias de esa época eran las grasas, las vísceras y los carbohidratos. Gran parte del desarrollo de nuestro inmenso cerebro HUMANO se debe al consumo de proteínas animales, incluyendo el tuétano de los huesos.

  Los individuos que no les gustara esos platos o los rechazara, difícilmente llegaban a la edad adulta, para reproducirse.

  Por lo tanto, somos descendientes de los que más querían y podían comer grasa animal o alimentos ricos en energía y, además, acumulaban la grasa de manera más eficiente.

  ¿Y eso nos sigue afectando?

  Es apenas en el siglo pasado que se incluyeron los refrigeradores en los hogares. Los dulces, alimentos procesados, alimentos enlatados y la disponibilidad inmediata de energía son producto de la revolución industrial, que también es del siglo pasado.

  Es posible que, con unos caramelos, consumas la misma cantidad de energía que, hace unos siglos, una persona común tardaba 3 días en consumir. Y te aseguro que esa persona tenía que cumplir más labores físicas que tú.

  En apenas un siglo, nuestro cuerpo no ha tenido un cambio genético tan grande que nos permita estar acostados viendo televisión, comiendo un helado cremoso y cambiamos los canales con el mando a distancia, sin tener efectos negativos en él.

  Él está diseñado para acumular energía y usarla de manera eficiente. Es su herencia. Pero si le das demasiada energía que no utilizas en actividades físicas, la va a acumular. “Hello”, colesterol alto.

  Lo que sucede con las grasas, sucede con el colesterol malo. Nuestro cuerpo lo produce, porque es necesario para que las células cumplan varios procesos. El consumo externo, como el de las carnes rojas, es bienvenido, en pequeñas cantidades. Tenemos un colesterol bueno que arrastra pequeños excesos de colesterol malo que no han utilizado las células y lo lleva hasta nuestro hígado, que lo elimina.

  El problema ocurre cuando desayunas con salchichas y panceta; almuerzas una hamburguesa en un local de comida rápida, que procesan la carne con más grasa, para que tenga mejor sabor (recuerdas tu herencia), y luego cenas algo livianito, como una pizza.

 Ahí no hay colesterol bueno o superhéroe que te salve. El exceso de colesterol malo se queda en la sangre y se pega a tus arterias, junto con otros elementos, y forma las placas ateroscleróticas, que van cerrando las arterias y endureciéndolas. Esto pone a trabajar tu corazón mucho más, para poder hacer llegar la sangre y el oxígeno a todo tu cuerpo.

  Y si una de las placas se desprende, se te forma un coágulo, que te puede causar un infarto al miocardio o un accidente cerebrovascular.

OK. ¿Qué puedo comer?

  La comilona que describí anteriormente, por supuesto que es exagerada. El colesterol puede aumentar consumiendo mucho menos que eso, como, por ejemplo, carnes rojas todos los días. Si te parece extraño, pregúntate que humano de hace unos siglos tenía la capacidad de comer carnes rojas todos los días, además de otros alimentos ricos en energía.

  Y me puedes hablar de los esquimales, que sólo se alimentan de carnes rojas y grasa. Y te diré que diste en el clavo: sólo se alimentan de carnes rojas y grasa. No agregan carbohidratos o azúcares. En su caso, las células obtienen energía de las grasas, por el mismo proceso que ocurre cuando ayunamos y la consumen de la grasa acumulada en nuestro cuerpo. Las dietas cetogénicas se basan en ese proceso. El problema es que si agregas un poco de carbohidratos o azúcares a esa dieta, inmediatamente las células pasan a obtener su energía de manera natural, de la glucosa,  las grasas empiezan a acumularse y el colesterol malo a circular rampante por la sangre.

Alimentos que Aumentan el Colesterol Malo

Grasas trans: son grasas vegetales hidrogenadas, como la mayoría de las margarinas. También se encuentra con mucha frecuencia en galletas, dulces y alimentos procesados. Son grasas creadas por el hombre que nuestro cuerpo no sabe cómo procesar.

Mantequilla.

Leche entera. Se puede consumir productos lácteos bajos en grasas o descremados.

Algunos quesos:  básicamente los más procesados ( y quizás los más sabrosos, ya sabes por qué) como el parmesano, el brie, el emmental, gouda, etc. Si tienes el colesterol alto, los más naturales puedes consumirlos, con moderación.

Fiambres y embutidos: no sólo aumentan el malo, también disminuyen el bueno.

Vísceras

Carnes rojas: ternera, cordero. Debes consumirlas con moderación y elegir carnes magras, sin grasa visible. La forma de cocinarla también influye. ¿Y el cerdo?, te preguntarás con la boca hecha agua. Sólo la parte sin grasa. La parte magra no tiene casi grasa, si se cocina de forma adecuada. Si la cocinas junto a la grasa, parte de ella penetra en la carne magra y, por eso, le da sabor.

Qué fue primero, el huevo o el colesterol: aunque el amarillo del huevo posee mucho colesterol, nunca se ha podido demostrar que su consumo lo aumente en nuestra sangre. De hecho, tiene muchos beneficios. Pero siempre debes recordar la mesura.

Algunos mariscos, como la gamba, la cigala y los langostinos  tienen grandes cantidades de colesterol. Sin embargo, no se ha demostrado que provoque su aumento en nuestra sangre y sí se ha demostrado su aporte de omega 3. Igual, consúmelos con moderación.

Alimentos que Aumentan el Colesterol Bueno

  • Aceite de oliva y de girasol, sin cocinar.-
  • Aguacate.
  • Pescados con ácido graso omega 3, como el salmón, la caballa, el arenque, las sardinas, el atún, entre otros.
  • Suplementos con Aceite de pescado rico en omega 3.
  • Frutos secos, como las nueces y almendras.
  • Alimentos enriquecidos con estanoles y esteroles.
  • Avena y alimentos con fibra soluble.
  • Linaza.
  • Lentejas, garbanzos y judías.

  Si tienes el colesterol malo alto o bajo el bueno, debes acabar con el estilo de vida que llevas o él va a acabar contigo.

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